Líbano - Retratos de una emergencia

Conflictos armados / Líbano

Dejar todo atrás

En marzo de 2026, una nueva escalada del conflicto entre Israel y el grupo libanés Hezbolá provocó una nueva ola de desplazamientos internos en Líbano. Alrededor de un millón de personas tuvieron que abandonar sus hogares en poco tiempo y buscar refugio en tiendas de campaña, escuelas, o alojamientos colectivos.

Mientras aumentaba rápidamente el número de personas desplazadas, muchos espacios de acogida no disponían todavía de productos básicos para garantizar unas condiciones adecuadas de salud, higiene y dignidad.

Las primeras evaluaciones realizadas por Union of Progressive Women (UPW) y Farmamundi identificaron 158 refugios colectivos en Monte Líbano, Hasbaya y Rachaya, donde se alojaban unas 5.497 familias desplazadas, alrededor de 22.497 personas.

La ayuda se dirigió especialmente a las personas que afrontaban mayores dificultades debido a su edad, género, situación económica o discapacidad.

Productos de higiene menstrual

El acceso a estos productos constituye una cuestión de salud, bienestar y dignidad, especialmente cuando las personas viven durante semanas en alojamientos colectivos. Por eso, se distribuyeron compresas higiénicas para más de 5.000 mujeres y adolescentes.

Kits infantiles

Las familias con bebés se encontraron con dificultades para acceder a productos esenciales escasos o demasiado costosos debido al conflicto. Gracias a la intervención se distribuyeron paquetes de pañales y latas de leche de fórmula para atender a más de 3.000 niños y niñas.

Pañales para personas adultas

La emergencia también afectó de manera particular las personas mayores y con discapacidad, que necesitaban apoyos específicos para desarrollar su vida cotidiana. Se distribuyeron pañales para más de 1.067 personas mayores y personas con discapacidad.

Testimonios

Hay cosas que afectan directamente a la dignidad

Una de las integrantes de UPW recuerda que, durante los primeros días, algunos refugios no disponían de condiciones adecuadas, pero las chicas más jóvenes no se atrevían a hablar. Las voluntarias comenzaron entonces a acercarse a ellas directamente para escucharlas y preguntarles qué necesitaban, convirtiendo el apoyo no solo en material, también en lo emocional.